BASTA DE IMPUNIDAD

| NOTICIAS |

Robo de bebés en Torres de Malory

El Patronato no era una residencia de estudiantes, era una especie de cárcel custodiada por las mismas órdenes religiosas que mantenían la seguridad en las prisiones femeninas, con monjas que ni por asomo tenían el trato cariñoso que vemos en la película hacia las internas.

Montse Fajardo

Periodista experta en Memoria Histórica
Torres-de-Malory

Reconozco que me entristece tener que hacer una crítica negativa a una película que aborda el tema del robo de bebés durante el franquismo, pero callar tras ver “Alumbramiento” me parecería una absoluta traición a la causa de la memoria histórica en la que milito desde hace años y a la que flaco favor le hace Pau Teixidor con este trabajo. Es más, creo que el daño que se infringe a la lucha en favor de la verdad, la justicia y la reparación emprendida por algunas de las mujeres encerradas por la dictadura en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, es irreparable. Porque hay algo peor que el silencio que durante décadas cubrió de olvido lo vivido dentro de sus centros, y es el mantenimiento del tramposo relato con el que la dictadura quiso disfrazar una de sus más represivas instituciones como centro benéfico en el que caritativas monjas ayudaban a jovencitas descarriadas. Y eso, consciente o inconscientemente, es precisamente lo que ha hecho Teixidor.

Salí del cine convencida de que al guion le había faltado documentación. Me parecía imposible que diese esa visión una persona que conociese alguno de los libros de la ex patronata Consuelo García del Cid, la tesis doctoral de Carmen Guillén, el Crónicas que RTVE realizó hace más de un lustro o los Episodios de una guerra interminable de Almudena Grandes… Pero luego leí entrevistas en las que el director aseguraba haber investigado y hasta charlado con más de medio centenar de internas, y mi estupor no hizo más que crecer. Fue cuando explicó que su propósito era hacer una película luminosa, con influencias del cine quinqui, que entendí que había optado por la ignominia de convertir el Patronato en una especie de campamento veraniego y a sus víctimas, en una suerte de macarras, y firmar así una película digerible para el público –y quizás para alguna de las instituciones que la patrocinan- pero intragable para la verdad histórica.

Mi siguiente paso fue contactar con internas de la institución y expertas en memoria, para constatar que comparten mi indignación ante esas escenas en las que crías que la guardia civil acaba de trasladar con esposas, disfrutan en pandilla de tardes de entretenimiento frente al televisor, mientras fuman, comen chocolate, o le ponen velas a Lola Flores. Impensable en cualquiera de los reformatorios que ellas tan bien conocen, donde cualquier niña que tuviese alguno de los comportamientos díscolos que se reflejan en “Alumbramiento” acabaría en una celda de aislamiento. El Patronato no era una residencia de estudiantes, era una especie de cárcel custodiada por las mismas órdenes religiosas que mantenían la seguridad en las prisiones femeninas, con monjas que ni por asomo tenían el trato cariñoso que vemos en la película hacia las internas a las que, por otro lado, se dibuja dentro del patrón de ovejas descarriadas que el régimen nos quiso hacer creer que eran y del que mucho distaban la mayoría.

Es cierto que en la trama aparecen casos de niñas embarazadas por la violación de sus padres, monjas que les dicen que sus bebés estarían mejor con otras familias, incluso las vemos en alguna toma fabricando banderines para los mitines de Alianza Popular, pero todo se trata de una manera tan superficial y naif que “Alumbramiento” acaba pareciéndose más a una adaptación de los libros de Enid Blyton sobre los internados de Torres de Malory o Santa Clara, que a un retrato da la represiva institución franquista, donde el trabajo esclavo, el robo de bebés y el maltrato de las internas era el pan nuestro de cada día. Incluso los suicidios y los intentos de autolesión que desgraciadamente se vivían en el Patronato acaban pareciendo en la película ventoleras de adolescentes rebeldes, y no el último recurso que tenían aquellas niñas víctimas de la represión más atroz y del silencio más vergonzante.

Y es una lástima. Es una lástima no haber puesto el esfuerzo presupuestario y el talentazo del maravilloso elenco de actrices al servicio de la lucha de las ex Patronatas. Es una lástima no haber contado bien la historia porque, desgraciadamente, es cierto que una imagen vale más que mil palabras y ahora, cada vez que una de las supervivientes o de las investigadoras que desde distintos puntos del Estado nos hemos dedicado a sacar a la luz los horrores de la institución demos una charla sobre el tema, habrá alguien entre el público que piense que no es para tanto, que ya se vio en la película que las niñas estaban casi de Erasmus. Y probablemente le dé aún mayor pátina de credibilidad acumular positivas críticas cinematográficas, y hasta puede que algún Goya reconociendo el fantástico papel de cualquiera de las actrices. Qué lástima! Que magnífica oportunidad perdida para rebatir el relato de la dictadura en lugar de apuntalarlo!

Habrá quien piense, al leer esto, que al final se trata de una película, de una obra de ficción, y es cierto. Pero también era ficción “La voz dormida”, y supo reflejar muy bien la atmósfera de las cárceles para mujeres. De no querer parecerse a la realidad, de no querer asumir la crudeza del pasado –huyendo del morbo-, hubiera sido mejor elegir un tema que nada tuviera que ver con nuestra historia reciente: La memoria de las Patronatas lo hubiese agradecido. Porque transmitir esta visión edulcorada, y por lo tanto falsa, de su sufrimiento es una burla mucho mayor que haber perpetuado el silencio.

Artículo publicado en Nueva Revolución

Compártenos para llegar más lejos. ¡Gracias!