BASTA DE IMPUNIDAD

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Matías Viotti: “Si cae el relato de la Transición, ahí sí se rompe España, porque habría que cambiar la constitución, terminar con la monarquía y cesar los poderes de la iglesia católica”

Ángel Nero

Autor en el periódico web Nueva Revolución

Ángel Nero

Autor en el periódico web Nueva Revolución

Matías Viotti Barbalato es doctor en Sociología y Antropología por la Universidad Complutense de Madrid, docente de Antropología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, miembro del Grupo de Investigación Memoria Social contra la Impunidad y miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de España y del Colectivo por los Olvidados de la Transición.

La primera cuestión que nos planteamos, al entablar esta conversación es: ¿qué le lleva a un antropólogo a involucrarse en el movimiento memorialista y en la defensa de los derechos humanos en España, Argentina o Perú?

En primer lugar, creo que es importante aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de derechos humanos ya que es un arma de doble filo. Hoy la derecha también habla de derechos humanos y en su nombre se invaden e intervienen países que van en contra del orden político mundial. No es desde ese lugar desde donde hablamos. Tengo que decir que, para mí, tanto la antropología como las ciencias sociales en general deberían ser una herramienta política para la organización social de las clases dominadas. Especialmente para comprender los mecanismos de dominación, de naturalización de ideas que constantemente fabrica el sistema. Si hablamos de antropología, este es mi punto de vista en lo que respecta al compromiso político en el tema de los derechos humanos, y lo digo porque creo que asistimos a una mercantilización del conocimiento que ha llevado a desarticular el mundo intelectual-académico de las organizaciones sociales.

Puedo poner un ejemplo: en Lima-Perú, donde realicé la investigación para mi doctorado con jóvenes denominados «pandilleros» (considerados la escoria de la sociedad, delincuentes, vagos, maleantes y un largo etcétera de ideas estigmatizantes, criticados incluso por la izquierda que los considera lumpen o clase despolitizada) aprendí una cara de la política totalmente invisibilizada. Muy resumido; el contexto de estos jóvenes, está atravesado por todo tipo de violencias (estructural, simbólica, cotidiana, cultural, física, de género, etc.), que impide organizarse en el sentido de como entendemos la organización política en la izquierda occidental y occidentalizada. Pero eso no significa que no lo estén. Están organizados, pero desde una lógica diferente, que no esta incluida en el imaginario de la lucha social de la izquierda. Estos jóvenes se organizan para sobrevivir en el mundo de la ilegalidad (y el de la legalidad cuando el sistema lo permite) como forma de resistencia frente a un sistema que pretende que se comporten pacíficamente frente al contexto de violencias en que se desenvuelven.

Lo que quiero señalar es que esas resistencias invisibilizadas no cuentan en lo que entendemos como “política” y el hecho de no hacerlo beneficia a las clases dominantes que administran sobre la vida de estas personas criminalizándolas, bajo el concepto del «pandillaje», por el hecho de ser pobres. Digo esto porque mi participación en las organizaciones sociales tiene que ver también con mi opinión de que es necesario integrar este tipo de reflexiones. No sobre el “pandillaje”, pero sí sobre los dispositivos de poder, de construcción de conceptos e ideas que terminamos naturalizando e interiorizando a través del sentido común (impuesto) y que benefician a la derecha.

Algo de esto esta ocurriendo con la memoria histórica en el Estado español cuando, por ejemplo, se asume la idea de la democracia (tras la cual se esconde la ideología liberal y capitalista del Estado moderno), como si fuera lo contrario a la dictadura franquista olvidando que fue en nombre de esta misma democracia que el régimen, junto a otros actores, construyó la transición a la monarquía parlamentaria. El problema esta en pensar el franquismo (o el fascismo) desde la lógica del Estado moderno, es decir, como una falla del sistema, desligado de lo que en la perspectiva decolonial se denomina el Sistema Mundo Moderno Colonial. La ausencia de este tipo de análisis, que hoy monopoliza el mercado del mundo académico, facilita la reproducción de estructuras de poder, como las que acabo de mencionar, dentro de las mismas organizaciones sociales y de la memoria histórica.

Por eso creo, siguiendo a otros autores y autoras que van en este sentido, que la izquierda ha subestimado la dominación cultural y en consecuencia sufrimos una domesticación de la lucha social que señala lo que debe formar parte de la agenda de los movimientos sociales y lo que no. Esto lo digo como crítica constructiva, por supuesto. No se trata de criticar todo sino de aportar a lo que ya se esta haciendo que no es poco.

En Argentina, la defensa de los derechos humanos y la lucha por la Verdad, la Justicia y la Reparación, ha tenido un amplio consenso en la sociedad, y consiguió la derogación de la Ley de Punto Final, y el juicio a muchos de los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. ¿Qué ha sucedido en España para que los mismos crímenes cometidos por el franquismo hayan quedado impunes?

El proceso español es muy diferente al de Argentina. Hay gente que suele pensar que el Estado español es una anomalía respecto a otros países debido a la impunidad de los crímenes del franquismo, pero, sin embargo, si vemos los procesos postdictatoriales en América Latina y Europa, yo diría que la anomalía es Argentina.

Es decir, los procesos de «democratización» que se dieron después de las dictaduras estuvieron supervisados por Estados Unidos y se hicieron en base a cumplir el programa del imperialismo, de enterrar el socialismo, y conseguir el desarrollo del neoliberalismo. Para ello, era necesario instalar la idea de la democracia como sinónimo del capitalismo, es decir: “mientras se pueda votar cada cierto tiempo, es una democracia”.

Hay varios autores que han analizado cómo esto se logró a través de las teorías de algunos liberales como Samuel Huntington o Joseph Schumpeter. “Da igual la memoria, verdad y justicia, lo importante es votar”. Esta es la idea que se instaló en casi todos los regímenes postdictatoriales teniendo, en muchos de estos países, a la transición española como ejemplo. De hecho, la difusión de la obra de Joseph Schumpeter en España estuvo a cargo del economista franquista Fabián Estapé, comisario adjunto del miembro del Opus Dei Laureano López Rodó, hombre que tuvo gran influencia en la elaboración de la transición y la constitución de 1978.

En definitiva, la diferencia con Argentina es muy grande, en primer lugar, porque hubo un juicio a las juntas militares, lo cual debilitó la idea de una reconciliación entre dos bandos que habrían tenido las mismas responsabilidades (la idea de los dos demonios), y, en segundo lugar, hay que tener en cuenta la fuerza de las organizaciones sociales quienes, independientemente de que fueran comunistas o peronistas, también lograron contrarrestar la idea de la reconciliación desmontando el discurso de los dos demonios.

El informe del Nunca Mas que también asumía esta perspectiva, fue inmediatamente criticado por los organismos de derechos humanos y fueron éstos quienes lograron contrarrestar ese relato que sí se instaló en el Estado español. Producto de esta politización de la sociedad argentina en nombre de los desaparecidos y los bebés apropiados, el primer gobierno después de la dictadura, el de Raúl Alfonsín, tuvo el apoyo popular suficiente para llevar a cabo los juicios a las juntas militares. Yo creo que la gran diferencia es esta, y por eso Argentina es una anomalía.

Nos guste o no el Estado tiene el poder y la capacidad de generar conciencia social en un corto plazo. No olvidemos que una estrategia del neoliberalismo también fue desprestigiar el Estado y la política en general. Mas allá del indulto y la ley de obediencia de vida y punto y final que vino después, los juicios generaron una conciencia social que, unida a la lucha de las madres, abuelas y otros organismos de derechos humanos, permitió construir la potencia en términos de derechos humanos que hoy es este país (mi tierra), aún con algunos problemas, para analizar aparte, que hoy han llevado a Milei al lugar donde está, con un discurso prodictadura. Además, habría que mencionar, también, que en el proceso español el gobierno de la transición era franquista y el de Felipe González fue cooptado (por no decir comprado) para el pacto de impunidad a cambio de la democracia neoliberal.

Mientras el robo de bebés, también en Argentina, generó un clamor popular, y se lograron recuperar muchos de esos niños -ahora ya adultos- para sus familias, en el estado español las madres y abuelas que luchan por saber que fue de los miles -hay quién señala que fueron más de cien mil-, de niños desaparecidos, siguen desamparadas por la justicia, por la administración, y su lucha es ignorada, incluso, por una gran parte de la sociedad. ¿Son también cómplices, con su silencio, los medios de comunicación, en ocultar este y otros crímenes del franquismo?

Respecto a este tema, creo que existe una confusión importante culpable de que sea un tema marginal incluso dentro de la memoria histórica. Relacionándolo con lo que decíamos en la pregunta anterior, se ha instalado un discurso totalmente tergiversado del tema reproducido tanto por los medios de comunicación como por el mundo académico en general.

Hace pocos días salió en El País un genetista que niega el robo de bebés basándose en el hecho de que no conoce ningún caso confirmado y que además la cifra de 300.000 niños robados es falsa. Mas allá de algunas barbaridades que dice, como que las denuncias podrían ser consecuencia de una psicosis colectiva, creo que tenemos cierta responsabilidad en que este hombre pueda decir lo que ha dicho.

Para mí la responsabilidad esta en el hecho de que hemos construido un relato de la memoria respecto a la apropiación de menores y el franquismo totalmente funcional al discurso de la transición y la democracia (liberal). La mayoría de lo estudios que salieron del tema instalaron la idea, asumida por la prensa, de que a partir de los años sesenta este delito se convirtió en un negocio, dejando la cuestión ideológica a un lado y con una visión sesgada de la dictadura.

Desde mi punto de vista, tanto el integrismo católico como esta práctica que se llevó a cabo en defensa de la moral católica como dispositivo de poder, no es un invento del franquismo sino más bien una consecuencia de un patriarcado de la cristiandad que fue funcional al franquismo. El discurso del negocio pensado como una trama mafiosa, ayudó a blanquear la cuestión ideológica que además está muy bien articulada con el Estado moderno, la transición y la lógica de la democracia liberal.

La participación de la derecha católica junto a Estados Unidos y la Santa Sede del Vaticano, el concordato de 1979, el papel de Juan Pablo II y el papel del Opus Dei en la construcción de una salida del régimen hacia una monarquía parlamentaria son todas cuestiones que no se pueden ignorar a la hora de pensar este delito, más allá de que haya habido o no, un negocio. Si analizamos cómo se conformaron las democracias en el mundo occidental después de la II Guerra Mundial veremos que la democracia cristiana tuvo un papel fundamental mientras que en el Estado español lo tuvo el integrismo católico que empezó a coquetear con esa democracia cristiana cuando el régimen se tuvo que abrir al mercado internacional, especialmente el Opus Dei.

La idea del «negocio de los bebes robados» asumida por varias asociaciones de memoria histórica nos obliga a preguntarnos, como mínimo, sobre cómo estamos construyendo la memoria. Una memoria que deja fuera estas cuestiones inevitablemente incorpora un relato funcional a la transición y, por tanto, desde ese lugar le da la razón a este hombre ya que no hay ningún caso confirmado (al no haber investigación) y la cifra de 300000 niños robados tampoco se puede comprobar.

El problema y el trasfondo de la cuestión, no es solamente el hecho del crimen, sino también cómo se logró la impunidad del franquismo que sí se puede confirmar fácilmente. Por eso no podemos desligar este delito de la dictadura y la transición, hasta que una investigación no diga lo contrario. Porque, en todo caso, el pacto de impunidad que hemos mencionado incluye también a la derecha católica, que históricamente ha ocupado una posición de poder importante, con influencia en el poder político de España, incluido el de la democracia liberal.

En relación a esta última pregunta, ¿Porqué surgió el robo de bebés y a que se debe a que este crimen continuara en el tiempo, más allá de la dictadura y la transición, hasta finales de los años 80, cuando ya estaba consolidada la democracia?

Como he dicho, en mi opinión la cuestión de la apropiación de menores en el Estado español está muy descontextualizada al igual que lo esta el franquismo. Como también he mencionado, la dictadura no se puede pensar como una falla del sistema. La investigación que yo realizo sobre la apropiación de menores en el franquismo y la monarquía parlamentaria, entre otras cosas muestra que ya existía un contexto previo de aceptación de ciertas ideas relacionadas con el disciplinamiento de la mujer y la moral católica (un patriarcado de la cristiandad) así como también existía la aceptación de prácticas eugenésicas en los Estados capitalistas del siglo XIX.

Aunque habría que matizar cada contexto (no es lo mismo la teoría neomatlhusiana que la eugenesia positiva de Vallejo Najera) lo que quiero señalar es que el régimen nacional-católico no nace de la noche a la mañana sino de un proyecto político-civilizatorio que ya ordenaba y administraba sobre la población a través de los roles asignados por el género, la heterosexualidad, la masculinidad hegemónica, la familia nuclear y la cristiandad, entre otras cosas.

Pensemos que, históricamente, el Estado español tiene la particularidad de haberse desarrollado en relación estrecha con el integrismo católico y la monarquía, a diferencia de la mayoría de los países de Europa. Lo que quiero decir, es que, si historizamos el Estado español y la ideología católica que formó parte del franquismo veremos que esta relación existe, al menos, desde los tiempos de los reyes católicos y el proceso colonial. Desde entonces que la cristiandad sirvió como dispositivo de poder-dominación y de deshumanización del Otro —primero fueron los indios sin alma y las brujas hasta llegar a las mujeres descarriadas o díscolas en el franquismo—. Es decir, que la ideología católica de la cristiandad, hija de la Santa Inquisición, permaneció en el ADN del Estado durante todos estos siglos, a pesar de algunos momentos de crisis, sin dejar de tener influencia en la política española.

Fue el franquismo quien le dio rienda suelta a esta ideología católica afianzándola con el concordato de 1953, mientras que la monarquía parlamentaria le dio continuidad con el concordato de 1979. Este último concordato permitió que no se depurasen en la monarquía parlamentaria las congregaciones religiosas que durante siglos habían estado gestionando las instituciones de “corrección” o “educación” de las mujeres en la moral católica (las casas galeras, casas de corrección, patronatos, orden de mujeres caídas, etc.).

Desde mi punto de vista, el hecho de que esta práctica se haya dado, además, en otros países como las lavanderías en Irlanda o el caso de Argentina en los setenta, muestra la relevancia de una ideología deshumanizante del Otro/a no católico/a para justificar un orden político determinado que es funcional a los privilegios de la iglesia. Para mí, la ecuación en el caso español responde a lo siguiente: si el Estado moderno-democrático de la transición permite la pervivencia e influencia política de congregaciones religiosas que se manejan bajo una ideología deshumanizante que tiene siglos, estas seguirán actuando bajo la misma ideología.

Casi cincuenta años desde la muerte del dictador, y el movimiento memorialista no ha dejado de crecer, ¿no crees que es una anomalía, o por lo menos un caso insólito en Europa, que existan asociaciones que interpelen al estado exigiendo una justicia para las víctimas del franquismo, mientras esta justicia se sigue escudando en una ley de amnistía para no juzgar esos crímenes que, a todas luces, son de lesa humanidad?

Yo creo que no se puede pensar como una anomalía sino mas bien teniendo en cuenta que casi todos los procesos postdictatoriales en Europa y América Latina se hicieron en función de lo que Estados Unidos y sus aliados dispusieron. Por eso, repito, Argentina sí es una excepcionalidad por el hecho de haber tenido un juicio a las juntas militares y los juicios posteriores, que abrió el kirchnerismo. No tenemos tiempo de analizar aquí el proceso griego o portugués, diferentes al nacionalcatolicismo franquista. También están los juicios a los nazis en Alemania, que es lo que siempre se toma como referencia cuando se dice que España es una anomalía, sin embargo, estos juicios también se hicieron en base a las necesidades de Estados Unidos que necesitaba legitimarse frente al bloque no occidental en la batalla de las ideas y la guerra fría. Numerosos estudios han constatado el papel de la CIA en la batalla cultural donde se expone toda la maquinaria de Estados Unidos para legitimarse como adalid de la libertad y la democracia. Por qué sino Estados Unidos se preocupó por juzgar a los nazis cuando es, quizás, el país que más crímenes contra la humanidad ha cometido a lo largo del siglo XX y XXI y que tiene hasta un día en su nombre, “el día internacional de los crímenes estadounidenses contra la humanidad” (el 9 de agosto).

Lo que quiero señalar, es que los juicios a los nazis también sirvieron para que el mundo vea a occidente como salvador y protector de la humanidad. El mundo conoció el monstruo del nazismo, pero esto no fue gratis, fue a costa de invisibilizar las barbaridades del imperialismo y el colonialismo, como la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki en 1945, sin ir más lejos. La pregunta sería, entonces, por qué el país que desarrolló el Plan Cóndor en América Latina, la Operación Gladio en Europa y el Método Yakarta en Asia, en una cruzada contra el comunismo, junto a organizaciones de ultraderecha y de ideología nazi, como también hemos podido ver en Ucrania, defendería los derechos humanos. La respuesta es muy sencilla, porque los juicios a los nazis, al igual que la transición española, se hicieron en nombre de la democracia liberal que no es otra cosa que el desarrollo del neoliberalismo.

Por tanto, respondiendo a tu pregunta no me parece tan raro que nos encontremos en esta situación, lo que si me parece insólito es que desde algunos sectores de la izquierda se siga legitimando la agenda impuesta por los Estados Unidos. No digo que tengamos que ponernos en contra de todo, pero sí tenemos que saber distinguir a lo que nos enfrentamos. De hecho, me gustaría señalar que no me parece mal que se tome como referencia lo que se ha hecho en Alemania respecto a la memoria, pero sí creo que hay que saber que si no hubiera sido conveniente para Estados Unidos muy probablemente eso no hubiera sucedido.

Y el proceso español yo creo que deberíamos pensarlo en el mismo sentido, donde los regímenes postdictatoriales se plegaron al modelo del Estado (neo)liberal, en contra del comunismo y cualquier otro proyecto contrario a sus intereses. Eso fue la transición española a cambio de la impunidad, la legalización de régimen y el restablecimiento de la monarquía. Creo que es en este escenario donde hay que entender la Ley de Amnistía y la impunidad de los crímenes del franquismo, no como una anomalía sino más bien como la mejor salida que encontraron para satisfacer los objetivos de Estados Unidos y el de las élites oligárquicas españolas.

También está la lucha por la verdad, por desmontar el relato del éxito de la democracia, que surge de asociaciones como el Colectivo por los Olvidados de la Transición, que ha puesto la diana en responsables de los crímenes del franquismo y del postfranquismo como Martín Villa, ¿es tan importante la batalla por el relato como la que se da en los juzgados?

Para mi sí, ya lo hemos visto en el caso argentino. Por eso creo que es fundamental reflexionar sobre cómo estamos construyendo la memoria y el relato de la memoria. Lo que decía respecto al relato del negocio de los bebes robados, por ejemplo. No hay casos confirmados porque no hay investigación, pero lo que sí hay es impunidad. Por tanto, si construimos un relato ignorando cómo se construyó esa impunidad y cómo fue posible en la democracia o monarquía parlamentaria, estaremos construyendo una memoria funcional a la hegemonía.

Podríamos señalar lo mismo para el COT: este colectivo tiene una particularidad interesante respecto a otros de memoria histórica ya que, por primera vez, los familiares de las víctimas de la transición se organizaron para interpelar esa idea dominante de la democracia, que he mencionado con anterioridad y que asume un gran porcentaje de la población. Desde la verdad de las víctimas se interpela el relato oficial. Ellos y ellas son los sujetos políticos de la transición al mismo tiempo que son quienes están cuestionando el modo en que se construyó esa transición a la democracia. Esto tiene una relevancia importantísima respecto al relato ya que, aún sin haberlo programado, choca con el relato oficial que no quiere saber nada de cuestionar la democracia.

El hecho de formar una asociación de familiares de afectados y afectadas por la transición ya marca ante la sociedad y las autoridades políticas que no se trata de una excepcionalidad sino de una norma. Está indicando que no es una cosa puntual y además permite enmarcar a la transición como una continuidad del franquismo. Esta es la potencia de la verdad testimonial de este colectivo donde todas esas verdades se articulan conformando un relato diferente al oficial. Es decir, nadie puede negar que mataron a una u otra víctima con nombres y apellidos, y eso les molesta porque cuestiona la idea de la transición como un éxito. Si cae ese relato, ahí sí se rompe España, como diría la derecha, porque habría que cambiar la constitución, terminar con la monarquía y cesar los poderes de la iglesia católica.

Ese relato de la Transición modélica se intentó exportar a otros lugares del mundo, especialmente a América Latina, ¿qué reflejo ha tenido la Transición española en países como Argentina o Chile? Y, por otra parte, ¿esto tiene que ver con el modelo neoliberal que se quiso imponer también a estos países, a menudo a costa de las clases populares?

Por supuesto, ya lo he mencionado, hay varios trabajos publicados sobre este tema y estuvimos hablando de esto en Perú junto a mi compañera, Marta Romero Delgado, con quien hemos hecho un capítulo para un libro que saldrá publicado el próximo año. Hay que tener en cuenta que el Estado español es el país europeo con más influencia cultural sobre América Latina, hecho que no pasó desapercibido para el imperio que promocionó la transición como ejemplo de lo que había que hacer para pasar de una dictadura a una democracia. A través de las ideas de autores como Joseph Schumpeter o Samuel Huntington, por mencionar algunos, se logró naturalizar la idea de que la democracia es poder votar con cierta periodicidad alejándose de la idea de una participación política más activa de la población en el sistema democrático.

Así, se hizo posible pasar de una dictadura a una democracia de un día para otro no sólo sin memoria, sin verdad y sin justicia sino también relacionando la idea de democracia con neoliberalismo como si ambas pudieran ser compatibles. Esto ocurrió en Chile, por ejemplo, como muy bien desarrolla Carlos Pérez Soto, alguien con quien no concuerdo en todo, pero sí en que la dictadura de Pinochet sirvió para consagrar el neoliberalismo.

En el documental “Chicago Boys”, el cual recomiendo, se muestra muy bien el recorrido académico de un grupo de economistas chilenos que fueron formados en las universidades estadounidenses bajo los parámetros del neoliberalismo y de sus ideólogos como Milton Friedman o Arnold Harberger, para volver a Chile en plena dictadura de Pinochet y desarrollar las políticas neoliberales que se instalaron en el país hasta la actualidad.

A pesar que en Argentina también se instaló el neoliberalismo, entre otras cosas, boicoteando económicamente el gobierno de Raúl Alfonsín, se intentó hacer siguiendo el ejemplo de la transición española (de la teoría de los dos demonios), pero los resultados no fueron los mismos por las cuestiones que ya hemos mencionado con anterioridad. Es decir, que el neoliberalismo no nace de un día para el otro, sino que es el resultado de un proyecto político de las clases capitalistas; un proyecto civilizatorio de la modernidad que necesita de la dominación cultural para poder legitimarse.

El auge del populismo de derechas, o, directamente, de la extrema derecha, ¿crees que, en cierto modo, tiene que ver con que no se ha resuelto el conflicto que la sociedad española tiene con su pasado, que la falta de memoria colectiva es un caldo de cultivo del fascismo?

Es un proceso que se está dando en varios países del mundo occidental, incluido Argentina. Este hecho, requiere un análisis profundo que no podemos hacer aquí, pero desde mi punto de vista tiene que ver con la geopolítica y las consecuencias de la pérdida de hegemonía del modelo de la democracia occidental, es decir, la pérdida de legitimidad del capitalismo. Efectivamente, en el contexto español esto lo podemos asociar a la herida abierta del franquismo y al modo en que se legalizó el régimen, en la monarquía parlamentaria, integrando la idea de que las víctimas pueden convivir con sus victimarios.

Es en los momentos de crisis de legitimidad cuando el capitalismo recurre a las clases dominantes (que en el caso español estuvieron asociadas al régimen) para agitar nuevamente el discurso nacionalista español de unión de la patria española y del glorioso pasado imperial. Sobre todo, ante el miedo de un rearme de la izquierda. Un miedo que en mi opinión encendió las alarmas con el 15M y otras movilizaciones similares en otros países neoliberales del mundo.

Creo que recurrir a la derecha ya existente como en el caso español, o construir un personaje como Milei en Argentina u otros similares en otros países (vinculados entre sí) tiene que ver con la estrategia de politizar a un sector de la población que hasta el momento no había sido politizado. Es decir, ante el peligro de que esa gente sea atraída por ideas de izquierda, la derecha se apresuró a entrar en los espacios abandonados por la misma izquierda (población considerada lumpen, sectores religiosos, etc.). Proceso que podemos ver en el Estado español, en Argentina, en Perú, en Estados Unidos, en Italia, en Francia y yo diría que en la mayor parte de países neoliberales. Por qué sino gran parte de la clase trabajadora, de las nuevas generaciones o de los más pobres se sienten atraídos por las ideas de la derecha.

Desde mi punto de vista, mientras la izquierda estaba centrada en otros temas, la derecha ocupó esos espacios al mismo tiempo que se reapropio de parte del discurso que históricamente había sido de la misma izquierda. Creo que este es el mejor ejemplo de que el franquismo o el nazismo no son una excepcionalidad del sistema, sino que son resultado de las alianzas entre las clases dominantes en función de sus intereses y necesidades. Es ahora, cuando en plena crisis de legitimidad de la democracia capitalista, ante el miedo al socialismo, las clases dominantes recurren a las ideas fascistas para poner orden. Del mismo modo que no podernos desligar el franquismo del capitalismo histórico moderno colonial tampoco podemos pensar el auge de las derechas fuera de este contexto.

Por último, nos gustaría que valoraras la nueva Ley de Memoria Democrática, recientemente aprobada, no sin críticas desde el movimiento memorialista y, sobretodo, desde la derecha y la ultraderecha, que han señalado que, de llegar al gobierno, será una de las primeras leyes a derogar. ¿Qué avances supone con respecto a la anterior ley aprobada durante el gobierno de Zapatero, y en que se ha quedado corta?

Creo que las dos leyes hay que enmarcarlas dentro del pacto de impunidad que he mencionado con anterioridad, donde una es hija de la otra. De hecho, creo que esto queda demostrado cuando se olvida, por un lado, la transición y por otro el hecho de que esta democracia es hija también de la dictadura. Esto se confirma, por ejemplo, con el hecho de que Zapatero en el año 2007 aprueba una la ley de memoria histórica y años después termina defendiendo a Martín Villa como “padre de la democracia”. Creo que esto marca una línea de pensamiento de la cual no se separa la nueva ley y creo que este es el punto de vista con el que hay que pensarla.

En lugar de hablar de las diferencias entre una ley y otra (las cuales no creo que sean muy significativas) creo que la ley hay que entenderla desde la correlación de fuerzas en que nos encontramos. Coincido en que la ley tiene muchas deficiencias y que no va al fondo de la cuestión como es investigar, juzgar y condenar el franquismo para las garantías de no repetición. Sin embargo, aunque creo que los avances respecto a la ley de Zapatero son muy pocos (se amplia el concepto de víctima, se propone un mapa de fosas, mejora en términos de proyectos para que la sociedad tome conciencia…) también pienso que todo avance es un pequeño triunfo.

Por eso creo que un camino a seguir frente a semejante dominación cultural (económica y otras, claro) es ir logrando pequeños triunfos en lugar de esperar únicamente grandes logros (lo mismo para ley de los “bebes robados” que de momento sigue paralizada). Y es aquí donde resulta relevante articular lo jurídico con lo social, es decir, no solamente esperar a que actúe la justicia, sino que también es muy importante que las organizaciones sociales sean una fuerza política, de choque, frente a lo insitucional-judicial.

En Argentina no hubiera sido posible anular la ley de obediencia de vida y punto y final sin el apoyo de un importante sector de la población, más allá del color político de los participantes en ese momento. Sin el apoyo de movimientos sociales o de las asociaciones de memoria histórica que conforman una fuerza política, los gobiernos están muy limitados a la hora de tomar una decisión que va a irritar a la derecha, esto es una realidad. Lo que quiero decir es que en ocasiones hay que saber reconocer si una decisión política es relevante para la lucha por la memoria, sin que necesariamente eso signifique apoyar al gobierno que la toma. No espero que el gobierno español tenga la voluntad política que se necesita para hacer una ley en condiciones, pero tampoco creo que los políticos o los partidos sean todos iguales (no olvidemos que en esta idea también se apoyaron los ideólogos neoliberales).

Por otro lado, también creo que los pequeños avances en la ley se los debemos a los colectivos memorialistas: el incremento de estos colectivos, la cantidad de actividades que se realizan en pueblos y ciudades a lo largo y ancho del Estado, entre otras cosas. De hecho, en mi opinión la exhumación en Cuelgamuros fue consecuencia de esto, además de un hecho simbólico muy relevante para la sociedad.

Artículo publicado originalmente en Nueva Revolución

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