Archivo de julio 2024

Peñagrande, te están poniendo a parir

Antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces. (Mateo 26, 34-35)

CARA A

Voy a pedir plaza en Peña Grande porque es un lugar maravilloso. Las monjas, sensibles y amables, llaman «corazón» a las internas. Habitaciones preciosas donde se respira verdadero calor de hogar, a la par que respeto, comprensión, amor de bienhechoras cruzadas evangélicas entregadas en cuerpo y alma a unas pobres muchachas embarazadas, alimentadas por la gracia de Dios, recogidas, como debe ser, en un espacio digno donde los haya. No importa si te violó tu padre o el lucero del alba, parirás dignamente, la monja te dirá que lo has hecho muy bien, aunque también te dice que estar embarazada no te da derecho a ser madre, y hay que salvar al niño. Quiero vivir en Peña Grande, por favor, hagan sitio que vamos muchas, sedientas de dulzura y cuidados, porque allí, sin ninguna duda, estaremos a salvo.

Todo lo que se ha dicho durante los últimos trece años, es mentira. Mentira podrida. Cuánta maldad en boca de tantas y tantas mujeres que hablaban de cosas horribles. Dónde va a parar. A Dios gracias, por fin se ha sabido la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Las internas ayudaban a parir a otras porque así aprendían, las monjitas daban hasta chocolatinas de vez en cuando, premiando buenas conductas.

La comida era buena, no te insultaban en ningún momento ni hubo faltas de respeto, y mucho menos maltrato. Qué disparates se han llegado a decir, por Dios. Voy a rezar esta noche por la salvación de sus almas, tan perdidas como erradas, allí donde la calumnia partió de bocas cargadas de rencor y fantasía. Gracias, cruzadas evangélicas. Muchísimas gracias de todo corazón. Qué gran labor. Somos muchas las que nos disponemos a solicitar un reconocimiento a la memoria histórica para ellas, las cruzadas, heroínas donde las haya, bienhechoras anónimas que se entregaron en cuerpo y alma a unos cuantos miles de muchachas.

CARA B

Golfa, has desgraciado tu vida, si de verdad quieres a tu hijo y no eres egoísta, firma aquí, porque contamos con familias buenísimas dispuestas a hacerse cargo del niño. Tú no eres más que una puta, cállate y trabaja. Friega. Reza.

Si tienes frío, te aguantas. No hay más comida. Aquí, tu papá no paga. No tienes donde caerte muerta, desgraciada.
No grites. Vete a » la dolorosa», hasta que dilates. Y si no dilatas, ponte a fregar el suelo, siempre funciona. Cállate.

Si te diste el gusto, aguanta ahora el disgusto. ¿ No te dolía cuando lo tenías debajo, puta?. ¿Quieres un espejo para ver cómo pare una perra?. Anda, firma aquí. Nosotras nos encargamos de todo. Es lo mejor para el niño. Deja de llorar.
Empuja, te he dicho que empujes. Podrías haber elegido otra hora para parir, niña, que me has estropeado la noche.

Lo siento, tu bebé, ha muerto. Pero no te preocupes, eres muy joven y podrás tener más hijos.

OREMOS. Del Evangelio según San Lucas.

Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él». Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!». Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos». Pedro dijo: «¡Hombre, no lo soy!». Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que este también estaba con él, pues además es galileo». Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!». Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

Artículo publicado en Nueva Revolución

La maternidad de Peñagrande: “una residencia de señoritas”

Hace unos días se estrenó en cines la película Alumbramiento, del director Pau Teixidor, y vino acompañada de una campaña publicitaria donde se decía que trataba de lo sucedido en el centro de Nuestra Señora de la Almudena, más conocida como maternidad de Peñagrande, uno de los centros que pertenecían al Patronato de Protección a la Mujer y que estaba controlado y dirigido, en el momento que marca la película, por las Cruzadas Evangélicas.

En dicha maternidad, desde su apertura en 1955 hasta su cierre en 1983, se produjeron crímenes aborrecibles que vulneraron los más básicos derechos humanos de las mujeres que por allí pasaron. Por mencionar tan solo algunos: maltrato físico, emocional y psicológico, vejaciones, trabajo esclavo, castigos de aislamiento y también el robo de sus bebés.

Este artículo pretende analizar esta película y reflexionar sobre diferentes aspectos relacionados con la trama argumental, así como recoger la palabra de aquellas víctimas de este centro que no se han visto representadas en este film y, además, se han sentido dolidas por el tratamiento que se da en la película a los terribles acontecimientos que se produjeron en esa maternidad.

Como el director ha manifestado en varias entrevistas, su propósito era exponer unos hechos ocurridos en ese establecimiento, pero sin una función reivindicativa principal y sin caer en el activismo porque, según Teixidor, no se trataba de juzgar ni posicionarse excesivamente a favor ni en contra de nadie, sino simplemente exponer esos hechos para que todos pudieran sacar sus propias conclusiones.

Sin embargo, en la película no hay una exposición de hechos para que el espectador llegue a sus propias conclusiones, es que directamente se falsea la realidad. El enfoque dado a la película, excesivamente dulcificado de lo ocurrido en Peñagrande, no ofrece posibilidad de conocer en verdad los hechos vividos y sufridos por las mujeres víctimas de esa violencia institucional. Ponemos algunos ejemplos que contradicen lo que aparece en la película: en Peñagrande nunca se dirigieron palabras como “corazón” a las chicas, ni se le decía que eran guapas, ni se pronunciaban frases como “has sido muy valiente” cuando las jóvenes parían, ni había miradas de compasión hacia las muchachas, ni voces amorosas de las monjas diciendo que ellas estaban allí para cuidarlas, ni se realizaban fiestas de despedida cuando alguna dejaba el centro. Tampoco las monjas consolaban a las jóvenes después de hacer algo peligroso (como provocar un incendio) con “lo importante es que tú estés bien. ¡La que has liado!”, con voz suave llena de ternura; las jóvenes no podían maquillarse, ni podían disfrutar de ver la tele mientras comían galletitas sentadas en un sofá, ni podían tener las habitaciones desordenadas, de hecho, la limpieza era una obsesión para las carceleras y, por supuesto, el desorden implicaba un castigo.

No se percibe dentro de la película una conexión, una continuidad lógica, entre lo que viven las jóvenes en ese centro de ficción y su desesperación por huir de allí

Hasta tal punto parece tan amable el trato allí, que es incomprensible que quieran escaparse si tan bien cuidadas están y tanta simpatía y compasión generan en sus guardianas. No se percibe dentro de la película una conexión, una continuidad lógica, entre lo que viven las jóvenes en ese centro de ficción y su desesperación por huir de allí.

Sí, es cierto que en la película se intuye, más que verse, que allí se robaban recién nacidos, pero, obviamente, ninguna monja era abofeteada por parte de esas jóvenes, admitiendo impasiblemente esa bofetada como algo merecido, como parte de un acto de contrición, bajando la cabeza y marchándose de la habitación sin que la chica recibiera un brutal castigo por atreverse a pegarle.

Peñagrande era un infierno en realidad, no una residencia de señoritas como parece indicar la película. Basta leer las investigaciones de especialistas como Consuelo García del Cid (Las desterradas hijas de EvaRuega por nosotrasLas insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer), con testimonios de las víctimas. Sin olvidar la tesis doctoral de Carmen Guillén, El Patronato de Protección a la Mujer, prostitución, moralidad e intervención estatal durante el franquismo, o el trabajo de las periodistas María Palau y Marta García (Indignas hijas de su patria) o de Ana María Pascual (Así ocultó el franquismo las vejaciones a las mujeres en el reformatorio de Peñagrande). También de profesoras como Pilar Iglesias Aparicio (Políticas de represión y punición de las mujeres: Las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y el Patronato de Protección a la Mujer de España). Investigaciones que, entre otras, dan cuenta de hasta qué punto se ha distorsionado la realidad en esta película.

Sin duda al espectador no se le produce una sensación de incomodidad, pero sabemos de muchas víctimas de Peñagrande a las que este enfoque sí las ha incomodado

Si lo que aparece en la película son los hechos que llegan al espectador, mucho nos tememos que las personas que no conocen lo sucedido salgan del cine sin entender la magnitud y la realidad de lo acontecido en esa maternidad. Y lo que es peor, que se marchen de la sala pensando que lo que han visto es lo que realmente sucedió. Sin duda al espectador no se le produce una sensación de incomodidad, pero sabemos de muchas víctimas de Peñagrande a las que este enfoque sí las ha incomodado. En nuestra opinión, tan erróneo es dar un tono amarillista y morboso, algo que obviamente nos resulta despreciable, como mostrar una visión tan dulcificada que dé como resultado una legitimación de los hechos, negando la atrocidad que sufrieron las víctimas en esas instalaciones del Patronato.

Somos conscientes de que no estamos hablando de un documental sino de una película de ficción, donde el director tiene el soberano derecho de plantear la trama como mejor le parezca y bajo la mirada o enfoque que decida. Lo que es inevitable es preguntarse por los aspectos éticos consecuencia de esa mirada. Quizás haya que plantearse que hay hechos de tal gravedad, como son los crímenes contra la humanidad que, por ética, no habría que convertirlos en un producto de ficción si se les despoja de su contenido y realidad. Por tanto, al margen de que una película nunca busca la exposición objetiva, ya que esa no es la finalidad del arte, el no asumir una posición reivindicativa no equivale a no posicionarse. Muy al contrario. De hecho, en Alumbramiento ya hay un claro posicionamiento hacia el tratamiento benévolo, indulgente y comercial de un pasado y de unos trágicos sucesos.

Para entender esto, sería un buen ejercicio pensar qué sentirían otras víctimas de otros nefastos crímenes y compararlo con lo que provoca esta película a las víctimas de Peñagrande. Pongamos como ejemplo las torturas en las cárceles, un crimen que se produce tanto en la dictadura como en la transición. Sería bueno preguntarse qué sentirían las personas torturadas si ven en pantalla a personajes que interpretan a torturadores con la misma actitud que las monjas de Alumbramiento: cogiendo a encarcelados de la mano para decirles que no se preocupen; donde las cárceles son como hotelitos; donde un “Billy el Niño” cualquiera dice a los presos que él está allí para cuidar de ellos; y donde la policía, con mirada de pesar, les quitan las esposas diciéndoles que estén tranquilos porque solo se las habían puesto por su seguridad. A nadie se le ocurriría hacer este tipo de ficción tan devastadora sobre torturas, ni sobre otros crímenes del franquismo ni de la transición, simplemente porque sería una seria falta de respeto hacia las víctimas de torturas hasta extremos insultantes. Entonces ¿por qué se supone que sí es ético realizarla sobre un tema que afecta directamente a la cruel represión contra las mujeres y que incluye el robo de sus hijos?

En cuanto al marco temporal y social, hay casi una total descontextualización histórica, excepto la referencia explícita al año 1982, las elecciones que dan la victoria al PSOE y que podría considerarse, según algunos historiadores, el final de la transición y el inicio de nuestra democracia. Lo ocurrido en el Patronato en general y en Peñagrande en particular no fue un crimen común, realizado por delincuentes comunes, se trató de un crimen perpetrado por las propias instituciones del Estado, lo que da como resultado un crimen contra la humanidad. No olvidemos que la maternidad de Peñagrande era un centro del Patronato de Protección a la Mujer, dependiente del Ministerio de Justicia, y presidido por Carmen Polo. Jamás se podrá entender los crímenes en la transición sin conocer lo que ocurrió sobre estos crímenes en la dictadura, porque hay un origen, un desarrollo y una continuidad.

La represión política no fue la única causa que condujo al internamiento de las mujeres en los centros y maternidades del Patronato, ni al robo de niñas y niños en nuestro país. También hubo represión ideológica, social, religiosa, moral, sexual y de género. El Estado siempre estuvo implicado en este crimen bien directamente o bien a través de figuras de poder pertenecientes a instituciones del Estado. La naturaleza de nuestra transición hizo posible que este crimen continuara en la democracia y se caracterizó por replicar la tipología y metodología de los casos de las décadas anteriores, pero en un contexto político que, a pesar de llamarse “democrático”, no puso fin a estos crímenes ni acometió la tarea de hacer justicia.

Por tanto, no se puede entender lo sucedido en la transición y democracia como algo separado del resto de las anteriores décadas, descontextualizado de todo aspecto histórico, político y social del franquismo y su herencia en la transición. De hacerlo así, tal y como se ha hecho en esta película, tan solo queda a los ojos del espectador unas pobres mujeres jóvenes solteras que en la década de los 80, fruto de prejuicios sociales (que no se sabe de dónde salen porque el marco social e histórico es nulo), son llevadas a unos centros donde unas dulces monjas y asistentes las van a ayudar en su embarazo. Y, finalmente, eso sí, se insinúa que les quitan a sus hijos, pero las monjas no dejan de estar muy tristes por ello.

Resulta muy peligroso vaciar de realidad los crímenes cometidos en nuestro pasado reciente que han producido miles de víctimas y dulcificar hasta extremos incomprensibles la actitud de los victimarios

Podemos concluir que en momentos tan complejos como los que estamos viviendo en nuestro país donde se están derogando las leyes de Memoria Democrática, y donde el negacionismo de la extrema derecha campa a sus anchas, resulta muy peligroso descontextualizar, vaciar de realidad los crímenes cometidos en nuestro pasado reciente que han producido miles de víctimas, y dulcificar hasta extremos incomprensibles la actitud de los victimarios porque finalmente lo que se lanza desde la gran pantalla, con su enorme poder de difusión, son ingentes dosis de olvido. Hay una larga trayectoria de trabajo, tiempo y esfuerzo desde las organizaciones de víctimas para recuperar la Memoria de lo sucedido y que toda la sociedad también la conozca, se sensibilice y se conciencie.

Si hablamos de una película que sirva realmente para visibilizar la realidad de los hechos ocurridos, sin equidistancia, poniendo en su lugar a víctimas y victimarios, que dentro de la ficción sea respetuosa con las víctimas y no plantee una realidad alternativa que nunca se produjo, que conciencie a los espectadores y repare de alguna forma a estas víctimas de crímenes contra la humanidad, esta no es la película. Para esto, tendremos que seguir esperando.


Artículo publicado en El Salto

Robo de bebés en Torres de Malory

Reconozco que me entristece tener que hacer una crítica negativa a una película que aborda el tema del robo de bebés durante el franquismo, pero callar tras ver “Alumbramiento” me parecería una absoluta traición a la causa de la memoria histórica en la que milito desde hace años y a la que flaco favor le hace Pau Teixidor con este trabajo. Es más, creo que el daño que se infringe a la lucha en favor de la verdad, la justicia y la reparación emprendida por algunas de las mujeres encerradas por la dictadura en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, es irreparable. Porque hay algo peor que el silencio que durante décadas cubrió de olvido lo vivido dentro de sus centros, y es el mantenimiento del tramposo relato con el que la dictadura quiso disfrazar una de sus más represivas instituciones como centro benéfico en el que caritativas monjas ayudaban a jovencitas descarriadas. Y eso, consciente o inconscientemente, es precisamente lo que ha hecho Teixidor.

Salí del cine convencida de que al guion le había faltado documentación. Me parecía imposible que diese esa visión una persona que conociese alguno de los libros de la ex patronata Consuelo García del Cid, la tesis doctoral de Carmen Guillén, el Crónicas que RTVE realizó hace más de un lustro o los Episodios de una guerra interminable de Almudena Grandes… Pero luego leí entrevistas en las que el director aseguraba haber investigado y hasta charlado con más de medio centenar de internas, y mi estupor no hizo más que crecer. Fue cuando explicó que su propósito era hacer una película luminosa, con influencias del cine quinqui, que entendí que había optado por la ignominia de convertir el Patronato en una especie de campamento veraniego y a sus víctimas, en una suerte de macarras, y firmar así una película digerible para el público –y quizás para alguna de las instituciones que la patrocinan- pero intragable para la verdad histórica.

Mi siguiente paso fue contactar con internas de la institución y expertas en memoria, para constatar que comparten mi indignación ante esas escenas en las que crías que la guardia civil acaba de trasladar con esposas, disfrutan en pandilla de tardes de entretenimiento frente al televisor, mientras fuman, comen chocolate, o le ponen velas a Lola Flores. Impensable en cualquiera de los reformatorios que ellas tan bien conocen, donde cualquier niña que tuviese alguno de los comportamientos díscolos que se reflejan en “Alumbramiento” acabaría en una celda de aislamiento. El Patronato no era una residencia de estudiantes, era una especie de cárcel custodiada por las mismas órdenes religiosas que mantenían la seguridad en las prisiones femeninas, con monjas que ni por asomo tenían el trato cariñoso que vemos en la película hacia las internas a las que, por otro lado, se dibuja dentro del patrón de ovejas descarriadas que el régimen nos quiso hacer creer que eran y del que mucho distaban la mayoría.

Es cierto que en la trama aparecen casos de niñas embarazadas por la violación de sus padres, monjas que les dicen que sus bebés estarían mejor con otras familias, incluso las vemos en alguna toma fabricando banderines para los mitines de Alianza Popular, pero todo se trata de una manera tan superficial y naif que “Alumbramiento” acaba pareciéndose más a una adaptación de los libros de Enid Blyton sobre los internados de Torres de Malory o Santa Clara, que a un retrato da la represiva institución franquista, donde el trabajo esclavo, el robo de bebés y el maltrato de las internas era el pan nuestro de cada día. Incluso los suicidios y los intentos de autolesión que desgraciadamente se vivían en el Patronato acaban pareciendo en la película ventoleras de adolescentes rebeldes, y no el último recurso que tenían aquellas niñas víctimas de la represión más atroz y del silencio más vergonzante.

Y es una lástima. Es una lástima no haber puesto el esfuerzo presupuestario y el talentazo del maravilloso elenco de actrices al servicio de la lucha de las ex Patronatas. Es una lástima no haber contado bien la historia porque, desgraciadamente, es cierto que una imagen vale más que mil palabras y ahora, cada vez que una de las supervivientes o de las investigadoras que desde distintos puntos del Estado nos hemos dedicado a sacar a la luz los horrores de la institución demos una charla sobre el tema, habrá alguien entre el público que piense que no es para tanto, que ya se vio en la película que las niñas estaban casi de Erasmus. Y probablemente le dé aún mayor pátina de credibilidad acumular positivas críticas cinematográficas, y hasta puede que algún Goya reconociendo el fantástico papel de cualquiera de las actrices. Qué lástima! Que magnífica oportunidad perdida para rebatir el relato de la dictadura en lugar de apuntalarlo!

Habrá quien piense, al leer esto, que al final se trata de una película, de una obra de ficción, y es cierto. Pero también era ficción “La voz dormida”, y supo reflejar muy bien la atmósfera de las cárceles para mujeres. De no querer parecerse a la realidad, de no querer asumir la crudeza del pasado –huyendo del morbo-, hubiera sido mejor elegir un tema que nada tuviera que ver con nuestra historia reciente: La memoria de las Patronatas lo hubiese agradecido. Porque transmitir esta visión edulcorada, y por lo tanto falsa, de su sufrimiento es una burla mucho mayor que haber perpetuado el silencio.

Artículo publicado en Nueva Revolución