Archivo de julio 2026

Video “Las víctimas del ‘robo de bebés’: ¿las olvidadas de la Memoria Democrática?”

El 11 de mayo de 10:00 a 18:30, se celebró la jornada académica “Las víctimas del ‘robo de bebés’: ¿las olvidadas de la Memoria Democrática? Investigación, comunicación y activismo”, una jornada organizada por Instituto de Estudios de Género UC3M.

Esta iniciativa, de la que ya se va a celebrar la novena edición, nace de la voluntad del Departamento de Biblioteconomía y Documentación y del Instituto Universitario de Estudios de Género de la UC3M, por recuperar la Memoria Histórica, para reconocer y visibilizar la situación de las mujeres durante la República y la dictadura, así como crear un espacio de diálogo interdisciplinar y de reflexión sobre el papel olvidado de las mujeres y sensibilizar a la comunidad universitaria de nuestra memoria democrática y la necesidad de desarrollarnos en el ejercicio pleno de ciudadanía. Como las jornadas anteriores, se cuenta con la colaboración del Instituto de Estudios Contemporaneos, Política y Gobernanza de la UC3M.

Programa

10:00 – 10:30 INAUGURACIÓN Y PALABRAS DE BIENVENIDA

  • Carmen Pérez González, vicerrectora Relaciones Institucionales, Igualdad, Cooperación y Desarrollo Sostenible.
  • Silvia Gallart, directora de la Unidad de Igualdad.
  • Rosa San Segundo, codirectora de la jornada
  • Soledad Luque, codirectora y coordinadora de la jornada
  • Celia López Ongil, directora del Instituto Universitario de Estudios de Género
  • Álvaro Ribagorda, director del Instituto de Política y Gobernanza.

10:30 – 11:30 MESA REDONDA 1:  El olvido institucional. Acciones de intervención en España y desde Europa (Parlamento Europeo y Naciones Unidas). Modera:  Álvaro Ribagorda (UC3M). Ponentes:

  • Soledad Luque. Presidenta de la asociación “Todos los niños robados son también mis niños”. Profesora asociada de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) e investigadora colaboradora del Instituto de Estudios de Género (UC3M)
  • Francisco Gracia. Historiador. Especializado en la historia del siglo XX español y en Memoria Histórica. Asesor en el Parlamento Europeo del grupo político Podemos.
  • Gabriella Citrone. Presidenta del Grupo de Trabajo sobre desapariciones forzadas o involuntarias de Naciones Unidas (on line)

11:30 – 12:00 Debate con el público

12:00 – 12:30 PAUSA CAFÉ

12:30 – 13:30 MESA REDONDA 2: El olvido memorialista. Acciones de intervención desde la universidad, la abogacía y los medios de comunicación. Modera:  Eduardo Calleja (UC3M). Ponentes:

  • Manuel Sánchez. Profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Historiador y doctor en Ciencias Jurídicas. Investigador en justicia transicional, trauma cultural y memoria democrática con enfoque de derechos humanos y género.
  • María José Esteso. Periodista, escritora e investigadora. Autora del libro Los niños robados. De la represión al negocio y de numerosos artículos relacionados con el tema de los ‘bebés robados en España.
  • Maite Parejo. Abogada ejerciente, especializada en Derecho Penal y Derechos Humanos, Derecho Penal Internacional y Jurisdicción Universal. Actualmente es socia en el área penal del despacho de abogados Monereo Meyer.

13:30 – 14:00 Debate con el público

14:00 – 16:00 PAUSA COMIDA

16:00 Proyecciones y debate con el público, moderado por Gemma Camáñez (UC3M)

16:00 Tráiler del documental ¿Quién soy? Un asunto de Estado.

16:15 Diálogo con Mercedes Resino (Directora) y Esteban Creste, que junto a Mercedes Resino ha realizado labores de guion y producción ejecutiva.

16:45 Reportaje documental Madres robadas de Jon Sistiaga, un episodio de la serie documental “Proyecto Sistiaga”, dirigida y presentada por el periodista Jon Sistiaga y estrenada en enero de 2026 en la cadena Cuatro

17:45 Diálogo con varias de las protagonistas

18:15 – 18:30 CLAUSURA:

  • Rosa San Segundo, codirectora de la Jornada
  • Soledad Luque, codirectora de la Jornada

Vallejo-Nájera: retirar medallas no basta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que el próximo Consejo de Ministros tramitará la retirada de la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad a Vallejo-Nájera concedida durante la dictadura, invocando precisamente que sus teorías sirvieron para justificar odio, represión y desigualdad. Es sin duda una buena noticia. Lo es porque ninguna democracia debería mantener honores públicos a quien utilizó la medicina, la psiquiatría y el prestigio de la ciencia para legitimar la represión, la desigualdad y la deshumanización de una parte de la población. Precisamente por eso nos planteamos una pregunta incómoda, si el Estado reconoce hoy que Vallejo-Nájera fue una pieza fundamental de la pseudociencia represiva del franquismo, ¿cómo es posible que siga pendiente una ley de bebés robados? Nos explicamos.

Antonio Vallejo-Nájera no fue un médico cualquiera extraviado por los prejuicios de su tiempo. Fue uno de los principales arquitectos de una psiquiatría franquista puesta al servicio de la victoria militar, del nacionalcatolicismo y de la depuración política de la sociedad española. Es decir, fue uno de los fundamentos de los crímenes de lesa humanidad generados por el franquismo y sus epílogos. Su figura encarna una de las operaciones más perversas de las dictaduras modernas: convertir la ideología en diagnóstico, la disidencia en enfermedad y la violencia de Estado en tratamiento. Bajo su mirada, el adversario político no era simplemente alguien con otras ideas; era un sujeto degenerado, contaminante, portador de una anomalía moral y psíquica que debía ser neutralizada.

Vallejo-Nájera sostuvo, con pretensión científica, que el marxismo, el republicanismo o la disidencia eran manifestaciones de inferioridad mental, degeneración o patología

La expresión más conocida de ese delirio fue la teoría del llamado “gen rojo”. Vallejo-Nájera sostuvo, con pretensión científica, que el marxismo, el republicanismo o la disidencia eran manifestaciones de inferioridad mental, degeneración o patología. En sus estudios sobre prisioneros y, de forma especialmente brutal, sobre mujeres antifranquistas, la política quedaba reducida a biología moral. La “roja” no era solo enemiga de España, sino también mala madre, mujer desviada, sujeto incapaz de educar correctamente a sus hijos. Así, la represión franquista adquiría una justificación aparentemente técnica, la de separar, reeducar, tutelar y corregir.

Conviene explicar bien qué significa aquí eugenesia. No se trata solo de importar mecánicamente el modelo nazi de eliminación física, esterilización o exterminio. En el caso español, la eugenesia se adaptó al marco nacionalcatólico. No buscó únicamente “mejorar la raza” en términos biológicos, sino regenerar la nación desde una combinación de catolicismo, militarismo, patriarcado y anticomunismo. La raza española era pensada como comunidad moral, religiosa y política. Por eso la eugenesia franquista constituyó, en gran medida, una eugenesia del conductismo y la reeducación, como fue separar a los menores de familias consideradas enemigas, entregarlos a entornos afectos al régimen, borrar o alterar vínculos de origen, disciplinar a las mujeres y convertir la maternidad en un asunto de Estado.

Este marco no fue una abstracción. Tuvo consecuencias materiales como se evidencia en el informe Hacia una memoria democrática inclusiva: Investigación multidisciplinar sobre el robo de niñas y niños en el Estado español desde una perspectiva de género: la separación de hijos de presas políticas, la tutela de menores por el Estado, los cambios de identidad, las adopciones irregulares, la intervención de instituciones religiosas, sanitarias, penitenciarias y asistenciales, y la continuidad posterior en democracia de prácticas de apropiación de niñas y niños no pueden comprenderse solo como una suma de delitos aislados o como un mero negocio. Esto no explica por sí solo la duración, extensión y tolerancia institucional de estas prácticas. Hubo una matriz ideológica previa, la idea de que determinadas mujeres no merecían ser madres, de que determinadas familias no merecían criar, de que determinados niños debían ser salvados de su origen. Es este el delito más doloso y alargado que heredamos del franquismo, la desaparición forzada de menores constitutiva de crimen de lesa humanidad.

El Estado parece dispuesto a reconocer la genealogía ideológica del crimen, pero no termina de desplegar las herramientas jurídicas necesarias para reparar a las víctimas y terminar con la impunidad

Por eso la retirada de la condecoración no puede quedarse en un gesto aislado. Es importante retirar honores a quien no merece honor alguno, pero la memoria democrática no puede vivir sólo de símbolos. O, dicho de otro modo, los símbolos son necesarios cuando abren camino a la verdad, la justicia y la reparación; se vuelven insuficientes cuando sustituyen a la justicia. Retirar una medalla al padre de la eugenesia nacionalcatólica franquista que propició el ‘robo de bebés’, y no aprobar una proposición de ley de ‘bebés robados’ —ampliamente trabajada por distintos grupos parlamentarios del actual gobierno e incluso de la oposición—, produce una contradicción política difícil de sostener. El Estado parece dispuesto a reconocer la genealogía ideológica del crimen, pero no termina de desplegar las herramientas jurídicas necesarias para reparar a las víctimas y terminar con la impunidad.

La reacción de la Asociación Todos los Niños Robados son También Mis Niños, promotora de la mencionada proposición de ley, en la red social X , ha sido precisa. Ante el anuncio de Pedro Sánchez, la asociación preguntaba cómo es posible que en 2026 este Gobierno no haya tenido aún la valentía de tramitar la Ley de Bebés Robados. Interpelaba directamente al PSOE, Sumar y al Congreso: “Es esta vuestra oportunidad, ¿a qué estáis esperando?”.

Esa pregunta debería estar hoy en el centro del debate. La proposición de ley no habla solo de irregularidades administrativas, adopciones opacas o historias familiares rotas, sino de desapariciones forzadas de menores, sustracción de identidad, obstáculos de acceso a la verdad y una deuda prolongada del Estado con las víctimas. Además, no se trata de una demanda marginal. En noviembre de 2025, expertos de Naciones Unidas instaron de nuevo al Parlamento a aprobar la ley pendiente sobre ‘bebés robados’, recordando la necesidad de implementar medidas contenidas en la propuesta legislativa como un registro nacional de víctimas, acceso efectivo a archivos y registros, la investigación fiscal y jurídica, y mecanismos adecuados para garantizar verdad, justicia y reparación.

Mientras tanto, las víctimas siguen chocando con muros conocidos, como archivos inaccesibles, documentación desaparecida o contradictoria, obstáculos probatorios casi insalvables, prescripciones, falta de investigación efectiva, ausencia de una política pública integral y respuestas judiciales fragmentadas. El problema no es solo que haya pasado mucho tiempo, es que el paso del tiempo ha sido utilizado muchas veces como argumento para cerrar puertas, cuando precisamente el Estado debería abrirlas. En los casos de desaparición forzada, apropiación de identidad y sustracción de menores, la democracia no puede limitarse a decir que los hechos son antiguos o prescritos. El delito persiste en tanto persiste la desaparición.

La memoria democrática no puede detenerse en la retirada de placas, cruces o medallas. La memoria democrática se mide también en los juzgados, en los archivos, en los registros civiles, en los bancos de ADN, en las leyes aprobadas, en las víctimas escuchadas y en las familias que siguen buscando.

Retirar la Gran Cruz de Sanidad a Antonio Vallejo-Nájera es un acto justo. Pero si el Estado reconoce que sus teorías pseudocientíficas sirvieron para justificar el robo y la separación de niños y niñas, entonces el siguiente paso debe ser la aprobación de la Ley de Bebés Robados. Porque una democracia no solo deja de homenajear a los verdugos, una democracia también repara a sus víctimas.

Soledad Luque Delgado
Manuel Sánchez Moreno

Artículo publicado en El Salto